AXIOLOGÍA
Los valores son aquellas cualidades especiales que tienen algunas realidades, llamadas bienes, por las cuales son estimables y agradables. También se consideran valores aquellos principios o máximas que impulsan a las personas a desarrollar buenas acciones.
El mundo de los valores es dinámico y cambiante. Por eso es necesario leer con sentido crítico la realidad y la sociedad para describir aquellos valores propios de cada comunidad de vida.
ORIGEN DEL VALOR
Cada cultura y cada civilización fueron construyendo su propio concepto de valor, esto permitió darle identidad a cada pueblo. A través de la historia, dichos elementos fueron distintos, los cambios sociales permitieron el surgimiento de nuevas culturas y esto produjo nueva forma de vida en estas comunidades.
En todos los momentos el concepto de valor fue asumido, no como algo abstracto, sino como algo real y concreto que debía formar parte de la cotidianidad de las personas y de las sociedades.
En oriente, el concepto de valor se comprendía, no como valor en sí, sino como virtud, en la medida que se equiparaba a la búsqueda de la sabiduría y de la perfección de las personas.
Todas las religiones que se desarrollan en Mesopotamia, Egipto y el lejano Oriente tienen como propósito la superación del apego material y el reencuentro con lo espiritual.

LA VIRTUD COMO VALOR
Para las culturas de Oriente, las virtudes del sabio que se desprenden del mundo, deben ser vividas a plenitud, con compromiso de vida. Con el paso del tiempo, se conceptualizan y se describen unos principios o valores, que se escriben en códices o códigos, que sirven de referencia para las generaciones futuras y comienzan a tener una mayor importancia para las mayorías.
Las posteriores culturas comienzan a estudiar tales códigos y con base a ellos determinan las distintas normas de vida, bien sean morales, jurídicas o sociales.
LAS TEORÍAS DE LOS VALORES
- SUBJETIVISMO AXIOLÓGICO:
Plantea que el sujeto es le único capaz de valorar algo o alguien. Los teóricos de esta corriente sostienen que el sujeto es el único que tiene las categorías y las condiciones para valorar lo que desea. Centran su atención en el análisis de las siguientes preguntas:
¿Algo puede tener valor si nadie lo ha percibido ni lo puede percibir?
¿Cómo pueden tener valor las cosas en sí mismas?
El subjetivismo tiene como falencia el olvido del objeto, de lo que está más allá de los dominios de las personas.
- OBJETIVISMO:
El objetivismo, por el contrario, descarga todo el valor en el objeto. Es decir, la valoración no se da por las condiciones del sujeto, sino que es el objeto el que posee unas características y unas categorías específicas que hacen que adquiera determinado valor.
Para los objetivistas, el objeto posee ya en si mismo un valor que no depende de ninguna condición externa, sino que está dado por él mismo, pues lo posee en sí y lo que hace el sujeto es captar su valor.
Las principales críticas que se hacen al objetivismo tienen que ver con el hecho de ser una posición extrema que pretende dejar en el objeto todas las posibilidades de su valoración.
SENTIDO DE LOS VALORES EN LA SOCIEDAD
LA FAMILIA Y LOS VALORES
La familia siempre se ha considerado como la base y el espacio privilegiado para todas las sociedades. Aunque el concepto de familia ha evolucionado y se ha comprendido de diversas formas en las distintas culturas, el concepto que más ha sobresalido y se ha impuesto en los últimos siglos es el concepto de familia que se tiene en occidente: un padre, una madre y unos hijos.
Este tipo de familias, se va desarrollando en la sociedad en la que se encuentra y ya sea por sí mismo o por la sociedad, van generando una serie de valores que permiten caracterizar ese determinado grupo social. Aunque cada familia es autónoma en su forma de operar, la sociedad en la cual se encuentra le va señalando la ruta que debe seguir, si desea permanecer dentro de esa comunidad.
LOS VALORES Y LA SOCIEDAD
Es difícil determinar el momento en que la vida humana da el paso de la familia a la sociedad o especificar los límites de estas dos categorías sociales. Es justo en este momento, donde la persona podrá poner en práctica la herencia y la tradición que trae de la familia, pero también cuando comienza a sopesar y a revalorar las vivencias familiares.
¿Cómo mantener la identidad en medio de la sociedad sin una formación arraigada y fundamentada dentro de la familia?
Es aquí donde adquiere importancia ese entrenamiento alcanzado en los primeros alos de la familia.

NUEVOS VALORES SOCIALES
LOS VALORES Y LA VALORACIÓN DE LA MUJER
Por muchos siglos, y en algunas culturas aún hoy, la mujer ha sido subvalorada como persona y se le han desconocido los derechos de igualdad con respecto al hombre.
Esta situación ha permitido una constante reflexión por parte de algunos pensadores, quienes ya desde la época antigua buscaron que esa diferencia se suprimiera en la sociedad y que se resaltara la importancia y el papel que juega la mujer.
EL MATRIARCADO
Una situación muy diversa se ha vivido en lagunas culturas de Oriente, donde el matriarcado casi siempre marcó su desarrollo.
Allí fue la mujer la que señaló el camino que debían seguir los pueblos y fue la guía política y espiritual de la sociedad.
EL MACHISMO
Desde esta perspectiva, se han esgrimido argumentos que justifican la superioridad masculina, proponiendo, por ejemplo que la mujer es más débil que el hombre, que no tiene la misma inteligencia o la misma capacidad cognitiva del hombre, que es menos resistente al dolor o que es más sensible.
Por muchos siglos estos conceptos permanecieron y en algunos momentos de la historia se radicalizaron a tal punto que a la mujer se le negó la posibilidad de participar en cualquier acto público si no estaba acompañada por un hombre, se le prohibió su ingreso a las instituciones educativas, a los cargos públicos, etc. y se le conminó a la tarea de preservar la especie humana y a los quehaceres de la casa.

EL VALOR DE LA ECOLOGÍA
Es el valor que nos hace considerar y actuar en favor de la protección del medio ambiente, los recursos naturales y toda forma de vida, incluyendo la propia.
Pensar en la naturaleza y la cultura ecológica tan de moda en estos tiempos, nos ubica en una situación un tanto incierta. Por una parte, vienen a nuestra mente los grupos “verdes” con iniciativas de todo tipo: la protección de las especies, el medio ambiente y los recursos naturales, donde son muchos los que participan y se comprometen, pero adquieren un matiz de exageración a los ojos de los demás: para la inmensa mayoría de las personas, luchar por la protección de las ballenas tiene poco sentido, sobre todo si en el lugar donde vive se encuentra alejado del mar.
Al mismo tiempo surge la pregunta: ¿Qué tengo que ver yo con la ecología? Pese a las campañas y la abundancia de carteles, ese sentido de la distancia y no pertenencia a un medio ambiente determinado, nos hace seguir inmersos en nuestras ocupaciones, sin darnos el tiempo necesario para pensar seriamente en la importancia de vivir este valor tan necesario en nuestros días.
Para despertar en nosotros una conciencia ecológica, hace falta reflexionar profundamente sobre el sentido que tiene toda forma de vida para nosotros, y en primer instancia, la nuestra.
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